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25 feb 2015

REGLAS DE ALEJANDRO GONZÁLEZ IÑÁRRITU PARA UNA COLABORACIÓN EXITOSA

El escritor y director ganador del Oscar a la mejor película Birdman unió fuerzas con otros tres escritores de la película. 


Alejandro González Iñárritu es un "verdadero dolor en el culo". Al menos, así es como Emmanuel Lubezki  lo describió  el sábado cuando Lubezki  ganó el premio Independent Spirit por la fotografía de Birdman (o La inesperada virtud de la ignorancia),  la película altamente condecorada que Iñárritu dirigió y co-escribió (y que pasó a ganar muchos más premios incluyendo el Oscar a la Mejor Película, Mejor Director, Cinematografía, y guion original).
Así que si Iñárritu es un dolor en el culo—y es fácil imaginar cómo es él, con su muy específica y enfática forma de expresar opiniones— ¿Cómo es que también es un colaborador exitoso? Se podría pensar que alguien que es una cosa (como por ejemplo, un dolor perfeccionista en el culo) no puede ser también algo aparentemente opuesto (como por ejemplo, un grande y generoso colaborador), pero eso sería una trampa. El mismo Iñárritu dice que una de las marcas de la inteligencia es la capacidad de mantener dos ideas opuestas a la vez. No sólo usa esto como punto de referencia para escribir dinámicos personajes—lo cual se analiza a continuación—pero, evidentemente, que el mismo lo encarna.
Aquí, la sabiduría de Iñárritu en colaboración, ego y meditación.

NO pierda la perspectiva 

Iñárritu dice que no puede comprender la noción que algunos escritores tienen del guion como un texto sagrado, porque lo escrito es sólo el comienzo. "Todo el mundo tendrá que transformarlo y tocarlo e interpretarlo", dice, animadamente. "Si esa cosa no es algo vivo y flexible y no se muere y nace y muere y nace mientras la gente lo toca, entonces es sólo un pedazo de papel rígido. “Una cosa es la noción de la cosa y otra es la cosa," lo dice de la película resultante.
A menudo Iñárritu ni siquiera disfruta de la lectura de los guiones. " A veces, leer guiones es algo terrible. Un amigo cubano, un poeta, me dijo una vez: "Alejandro, la palabra agua no te remoja.' "Iñárritu luego se burla del lenguaje del guion: " Interior: la noche Bla, bla bla ", dice, con desdén arrastrando la aaaaa. "El problema con el guion es que no es literatura y no es una película. Es una rara especie, de proyecto técnico que será absolutamente transformado en otra cosa que no sea eso, ¿sabes?" Y por si acaso no estás seguro de cómo se siente: " Sinceramente, un guión no es literatura.  Es una maldita ficha técnica. Es el comienzo de algo. Y quien piensa diferente es delirante"


COLABORACIÓN ES en PARTE CONFRONTACIÓN

"Mi cerebro funciona mucho mejor cuando me enfrento a [otra persona]," dice Iñárritu, quien solía ser confrontado por un solo colaborador: Guillermo Arriaga, en Babel. Recientemente se ha hecho de más de tres colaboradores: comparte el crédito  del guion cinematográfico de Birdman con Nicolas Giacobone, Alexander Dinelaris, y Armando Bo (ah, y Raymond Carver, pero eso es un guiño a la obra dentro de la película, que se basa en el cuento de Carver, De qué hablamos cuando hablamos de amor ).
"Una vez que digo algo estúpido esto puede llegar a ser una cosa hermosa", dice Iñárritu, quien considera que juntos él y sus colaboradores lidian con una idea hasta convertirla en algo que valga la pena. "Alguien más puede venir con una idea estúpida y entonces tal vez pueda transformarla. Hablamos de algo y eso puede ser transformado. Pero ese intercambio de ideas es [como] un espejo girado hacia ti mismo. Lo encuentro extraordinariamente útil para potencializar lo que tengo en mente".
Y cree que en vez de sacrificar su voz en ese proceso, sólo sirve para definirla. "Esto no significa que pierdes tu voz y se convierta en una orgía de voces, eso no es cierto. Yo dirigí la película, es mi voz ... pero para mí  esta fue, por mucho, la colaboración más hermosa, generosa y divertida que he tenido ".

CADA PERSONAJE TIENE CONTRADICCIONES

"Creo que la inteligencia   básicamente puede definirse como la posibilidad de tener dos ideas opuestas viviendo juntas y al mismo tiempo en funcionamiento," dice Iñárritu. "Por eso creo que un guion inteligente tiene dos cosas que viven en el mismo lugar y son absolutamente contradictorias". El ejemplo que da es el personaje principal de  Birdman, Riggan, interpretado por Michael Keaton. "La mitad del tiempo piensa que él es un gran maldito artista y la otra mitad del tiempo piensa que él es una jodida medusa” 
Iñárritu ve tales contradicciones en toda nuestra cultura, en nosotros mismos. "Queremos conquistar el mundo y tener 1000 likes, 1 millón de likes, pero al mismo tiempo estamos deprimidos. Estamos solos pero tenemos 10.000 seguidores. Todos somos bipolares. Soy popular, pero estoy solo, soy un artista pero estoy jodido. Así es como opera este tipo [Riggan]".

EL DIRECTOR ES EL REY, PERO EL REY ES FALIBLE (VIVA EL REY!)

 Deberíamos ir algo más directo, mientras estamos en ello. Iñárritu habla de largometrajes, no de peliculas. "Yo no veo películas, veo filmes." Y esos filmes son el resultado de la visión de una persona: el director. "Cuando alguien está detrás de él con una visión, no importa cuántos colaboradores tenga —y siempre hay muchos—  tres o cuatro escritores y 200 personas en el equipo, no importa, es la visión de  quien toma la última decisión".  Ilustra su punto saltando y corriendo por la habitación, mientras explica cómo la perspectiva de un director puede cambiar una historia.
"Si hubiera una escena tuya y mía, si pongo esta maldita cámara aquí y hago una toma en este cuarto lo cual no es nada, que dices de algo diferente, si vamos a una cafetería llena de gente y hacemos un una toma over-the-shoulder (sobre el hombro). Y el ritmo y cómo lo edito y si hay música... y si es una mierda, es tu mierda. No es culpa de nadie más. No es culpa de los actores. Si la película no funciona, es tu culpa. Debido a que todas las decisiones hasta la última fueron tomadas por ti. Puedes estar escuchando Ideas, puede ser influenciado y ser flexible, pero al final la última cosa, la impresión de la película es debido a una sola persona, una sola. Esa es la verdad".

¿qUIERe CLARIDAD? : medite 

No tienes que pasar mucho tiempo en la presencia de Iñárritu para saber que él es una persona intensa con profunda pasión y una mente salvajemente arrolladora. Para mantener esa mente bajo control, medita todos los días, casi siempre dos veces al día. "para mí ahora [esto] no es una opción, no es una opción para mí, es sólo una manera de vivir. [esto] es una condición para tratar de ayudar a mi cerebro que siempre ronda por todo lugar." así que durante 24 minutos cada mañana y muchas veces en otra sesión por la tarde, trato de "tocar base en algo”. y creo que me es de enorme ayuda ", dice.
"Estoy más consciente de cómo operan  mis demonios. Es una observación. La meditación no es más que observar y concentrarse profundamente en algo. Al concentrarte obtienes introspección. Con tan sólo observar. Es literalmente estar observando, desde mi respiración a lo que siento. Y observar, que es como abrir una ventana en una habitación oscura. Es hasta que abres la ventana que puedes ver claramente. ¡ Hay una silla roja allí. Nada cambió, solo que ahora puedes ver claramente. Es sólo al estar atento del mobiliario que está sucediendo en esas habitaciones oscuras. Cuando estas atento de que eres un poco más consciente. Esa conciencia evita que actúes de manera inconsciente. Esa es la única diferencia. Es algo muy simple y es por eso que es tan eficaz. es sólo una práctica que cualquiera puede hacer".
Iñárritu sigue las enseñanzas de Thich Nhat Hanh , el maestro vietnamita de mindfulness (recolección). "Es como mi isla, mi propio tiempo. Me siento  completamente conmigo mismo es muy agradable y apacible. Es la cosa más simple, como respirar. Literalmente el solo ser consciente de tu respiración es algo muy poderoso".
[ el maestro Thich Nhat Hanh  ha sido pionero en traer el Budismo a occidente]

17 dic 2014

El hogar es el camino

palabras de Thich Nhat Hanh durante la navidad del 2012

  
La Navidad es un tiempo para la familia, es cuando los miembros de la familia regresan a su hogar. Estemos donde estemos, tratamos de encontrar un camino a casa para estar con nuestros seres queridos. Es como las vacaciones Tết en la cultura vietnamita. Decoramos nuestra casa y buscamos la manera de hacer de nuestro hogar un sitio cálido y acogedor. Todos anhelamos tener un hogar cálido y amoroso; donde nos sentimos que no ya necesitamos ir a ningún lado, o hacer o perseguir algo más. Es lo que podemos llamar nuestro ‘verdadero hogar'. Todos tenemos este anhelo, este profundo deseo de estar en nuestro verdadero hogar.

Buscando nuestro hogar

Jesús, tan pronto como nació, tuvo que huir, se convirtió en un refugiado, un fugitivo sin hogar. Cuando creció y se convirtió en un hombre joven, fue lo mismo; seguía siendo un hombre errante sin un hogar real a donde volver. En uno de sus discursos, en forma de protesta dice que incluso las aves tienen nidos a donde volver o los conejos y ardillas tienen sus madrigueras; Pero el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza, no tiene un lugar al cual llamar casa.
Siddhartha (el buda histórico), como adulto, se encontró en una situación similar. Nació en una familia real que era rico y privilegiado. Podría tener lo que él deseara. Tenía una bella esposa y un buen hijo. Tenía un futuro brillante por delante; estaba destinado a ser rey y gobernante de un gran imperio. Pero aun así, no se sentía cómodo incluso con todo lo que poseía. No se sentía en casa. No estaba en paz. Por lo tanto, un día, decidió dejar a su familia e ir en busca de su verdadero hogar, en busca de paz interior.
Tanto Jesús como Siddhartha estaban buscando su verdadero hogar. Querían encontrar una cálida morada donde no tuvieran que buscar algo más y donde se sentirían verdaderamente en casa y en paz. Los occidentales tienen un refrán, "No hay lugar como el hogar" que expresa el sentimiento de que no hay nada como volver a casa después de estar ausente. Sin embargo, aun así, algunos de nosotros no  nos sentimos como en casa, no sentimos que tenemos un hogar al que volver, incluso en el seno familiar. Esto es debido a que en nuestras familias, no hay suficiente calidez, no hay suficiente amor, serenidad, paz o felicidad.

Nuestro verdadero hogar

Al final, Jesús encontró su verdadero hogar en su corazón. Él encontró la luz en su corazón. Él enseñó a sus discípulos que también ellos tienen su propia luz y enseñó a sacar esa luz para que los demás la vieran. Siddhartha enseñó que el propio verdadero hogar puede encontrarse en el momento presente. Él desarrolló prácticas para sus discípulos para que también pudieran encontrar su verdadero hogar. Él enseñó que cada uno de nosotros tiene una isla dentro de si mismo que es positiva y segura. Y que siempre está ahí para nosotros. No tenemos que tomar el avión o el autobús o el tren para ir allí, pero con nuestra respiración consciente y pasos conscientes, podemos estar allí ahora mismo.
Nuestra isla interior es nuestro verdadero refugio. Si sabemos cómo regresar a esta isla, podemos estar en contacto con nuestra herencia y antepasados espirituales, con las maravillas de la vida y con nosotros mismos. En la isla de nuestro verdadero yo, podemos encontrar paz y plenitud.

Hogar en el momento presente.

Así que en esta Navidad, si compras y llevas a casa un árbol de Navidad para adornar, recuerda que tú 'verdadero hogar' no se encuentra fuera de ti, sino que está en tu propio corazón. No necesitamos traer a casa algo para hacernos sentir satisfechos. Todo lo que necesitamos está en nuestro corazón. No necesitamos practicar durante muchos años o viajar muy lejos para llegar a nuestro verdadero hogar. Si sabemos cómo generar la energía de atención y concentración, entonces con cada respiración, con cada paso, llegamos a nuestro verdadero hogar. Nuestro verdadero hogar no es un lugar muy lejos de nosotros en espacio y tiempo. No es algo que podemos comprar. Nuestro verdadero hogar está presente justo aquí y ahora; siempre y cuando sepamos cómo volver y estar verdaderamente presentes en él.
Permitámonos disfrutar nuestra práctica de volver a casa esta temporada. Permitámonos  realmente estar en casa, y así convertirnos en un refugio para nuestros seres queridos y para a todos nuestros amigos.
Con confianza y amor
Thầy

2 nov 2011

La muerte, una ilusión


Thich Nhat Hanh
extracto del libro
La muerte una ilusion
 ed. Oniro


El mayor de nuestros miedos es el de no existir o convertirnos en nada. Muchos de nosotros creemos que nuestras existencias se inician en el momento de nacer o de ser concebidos, y que finalizan en el momento en que morimos. Creemos que venimos de la nada y que al morir nos vamos a la nada. Otros muchos piensan que han sido creados por un Principio Supremo y que a su muerte revivirán a la vida eterna. En cualquier caso, estamos embargados por la angustia de la aniquilación.

Ante la muerte, parece que sólo cabe considerar dos opciones posibles: creer en la eternidad de un alma indestructible, o creer en la aniquilación de un cuerpo material perecedero. Multitud de eruditos y filósofos preguntaron en muchas ocasiones al Buda sobre las filosofías opuestas del eternalismo y el nihilismo. A aquellos que le preguntaron si existía un alma eterna, el Buda les respondió que no había un yo permanente; a aquellos que le preguntaron si al morir desaparecíamos en el olvido, les respondió que no había aniquilación. Fiel al camino medio, rechazó ambas ideas extremas.

A partir de su experiencia de realizacion, el Buda considera la existencia de una manera totalmente distinta: Nunca hemos nacido y nunca podemos morir. Nacimiento y muerte no son más que conceptos en nuestra mente. El creer que son reales origina en nosotros una poderosa alucinación que nos hace sufrir. El Buda enseñó que no hay ni nacimiento ni muerte, ni llegada ni partida, ni similitud ni disparidad, ni crecimiento ni disminución, ni un yo permanente ni la aniquilación. Sólo creemos que existen. Así, el terror que nos infunde la muerte está causado por nuestras percepciones e ideas erróneas sobre el ser y el devenir. Ahora bien, cuando comprendemos que nuestra verdadera naturaleza original es el no-nacimiento y la no-muerte, nos liberamos del miedo al no-ser, a la aniquilación. Ello requiere que observemos con suma atención y detenimiento las cosas, que penetremos a fondo en su naturaleza última. Entonces conocemos la libertad y la alegría del camino medio que discurre entre los dos extremos del eternalismo y el nihilismo, y podemos disfrutar de la vida y apreciarla de una forma completamente nueva.

Shakespeare dijo por boca de Hamlet: «Ser o no ser, esa es la cuestión.» El Buda dice: «No, esa no es la cuestión.» En realidad es nuestra idea del ser y del no-ser la que nos confunde, la que nos hace creer que algo existe o no existe. Tales ideas no pueden aplicarse a la realidad. No son más que convenciones que nos ayudan a relacionarnos con nuestro entorno. Son conceptos que nos dan un punto de referencia, pero no son reales. La realidad está libre de cualquier concepto o idea. El Buda dijo que si uno queda atrapado en una idea creyendo que es «cierta», pierde la oportunidad de conocer la verdad. El primer ejercicio de concienciación trata, pues, de liberarse de las ideas. La libertad consiste sobre todo en estar libres de nuestros conceptos e ideas. De lo contrario podemos sufrir mucho y también hacer sufrir a otros seres. Sólo cuando nos desprendemos de todas esas ideas sobre el ser y el no-ser puede manifestarse la realidad tal cual es.

Cuando alguien preguntó al Buda: «¿Cuál es la causa de todo cuanto existe?», él se limitó a responder: «Esto es porque aquello es; esto surge porque aquello surge.» Significa que todo depende de todo lo demás para manifestarse. Cuando se dan todas las condiciones necesarias, las cosas se manifiestan; entonces decimos que existen. Y cuando no se dan o fallan alguna o varias condiciones, aquellas cosas ya no pueden manifestarse y se retiran; entonces decimos que no existen. Y esperan a que llegue el momento adecuado para volver a manifestarse. Pero calificar a algo de existente o inexistente es un error, según el Buda, porque en realidad no hay nada que sea totalmente existente o inexistente.

Cuando perdemos a un ser amado hemos de recordar que no se ha convertido en nada. «Algo» no puede convertirse en «nada» y «nada» no puede convertirse en «algo». El ser amado no ha sido destruido, sólo ha adquirido otra forma. Esta forma puede ser una nube, un niño o la brisa. Podemos ver al ser amado en cualquier cosa. Nuestra verdadera naturaleza es la naturaleza del no-llegar y del no-partir. No hemos venido de ninguna parte ni vamos a ninguna parte. Cuando se dan todas las condiciones necesarias nos manifestamos. Y cuando no se dan, dejamos de manifestarnos. Pero esto no significa que no existamos. Simplemente no nos manifestamos. Todo cuanto ha existido, existe o existirá está interconectado con todo lo demás y es interdependiente. Todo cuanto vemos sólo se ha manifestado porque forma parte de algo más, de otras condiciones que permiten que se manifieste.


Puede que seamos lo suficientemente inteligentes como para entenderlo, pero no basta con entenderlo intelectualmente. Lo único que vale es la experiencia directa. Observar la vida con atención. Podemos aprender muchas prácticas para disminuir nuestra tristeza y sufrimiento, pero la crema de la sabiduría iluminada es percibir la verdad del no-nacimiento y la no-muerte. Reconocer que nuestra naturaleza es el no-nacer y el no-morir, el no-llegar y el no-partir, el no-ser y el no no-ser, lo no-similar y lo no-diferente. Hacerlo más allá de toda idea u opinión es liberarse del miedo, es alcanzar la iluminación, es vivir plenamente en el inter-ser. Ello requiere dedicar un tiempo en nuestra vida cotidiana a la práctica de la meditación. Y perseverar. Entonces podremos observar a fondo la naturaleza de las cosas con el poder de la consciencia y la energía de la concentración y de la clara visión.

La dirección de la felicidad es el momento presente. En él está cuanto necesitamos saber. Reservamos un espacio de tiempo para observarnos a fondo. La respuesta está dentro de nosotros. Para que se manifieste sólo necesitamos una condición más: la naturaleza búdica, la capacidad de comprender y percibir nuestra naturaleza real tal cual es. Un maestro no puede dárnosla; sólo puede ayudarnos a entrar en contacto con la naturaleza despierta, con la gran comprensión y compasión que hay en nosotros.

Esta forma de practicar nos permite vivir sin miedo y morir serenamente, sin lamentar nada. Al igual que los grandes seres, cabalgamos libremente sobre las olas del nacimiento y la muerte. Y al vivir y morir así podemos también ayudar a muchas personas que nos rodean a vivir y a morir en paz. Si nuestra presencia es firme y serena, la persona moribunda no se sentirá demasiado asustada y apenas sufrirá. A muchos de nosotros el no-ser nos asusta. Y esta angustia nos hace sufrir mucho. Por eso, es necesario revelar al moribundo la realidad de que somos una manifestación y una continuación de muchas manifestaciones. Hacerle comprender la verdad de que «nada nace, nada muere».

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Thich Nhat Hanh nació en Vietnam en 1926 ha sido monje budista durante más de cuarenta años además de poeta y activista por la paz. En Vietnam fundó la Escuela de la Juventud para los Servicios Sociales, la Universidad Budista de Vanh Hanh, la editorial Le Boi Press y la Orden del Interser. Ha enseñado en la Universidad de Columbia y la Sorbona y fue nominado por Martín Luter King Jr. Para el Premio Nobel de la Paz en 1967.

Actualmente vive en Plum Village, una comunidad budista cerca de Burdeos, Francia, que él fundó en 1982. Siempre preocupado por integrar las enseñanzas de la atención consciente en la vida diaria ha escrito más de 60 libros en inglés, francés y vietnamita. Muchos han sido traducidos al español.